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RELATOS DE CAMPAÑA

Prólogo

La definición de crisis migratoria se ha quedado corta para nombrar el calvario de las personas migrantes que cruzan México en su intento de llegar a Estados Unidos. La romería de decenas de miles de centroamericanos y sudamericanos que cada año cruzan sin permiso de nadie esos más de cinco mil kilómetros para llegar hasta la frontera de Estados Unidos, donde creen que su vida será menos miserable, era ya una crisis humanitaria desde principios de siglo. Ahora, desde hace ya siete años, el paso de indocumentados por México vive su período más brutal.

Las mujeres son violadas en Huixtla, al sur de México, desde hace más de 15 años. Hombres, mujeres, niños y niñas caen despedazados bajo el implacable acero del tren, de la máquina a la que esos mismos migrantes bautizaron como La Bestia, desde hace casi dos décadas. Los migrantes son víctimas de la corrupción de funcionarios mexicanos a su paso, son desamparados por los países donde nacieron, son asaltados en el lomo de La Bestia y condenados a enfrentarse al desierto o el río desde hace casi dos décadas. Sin embargo, cuando los tiempos parecían no poder empeorar, empeoraron. Desde 2007, los migrantes que transitan ese traspatio mexicano que compone su ruta, se enfrentan a ese gobierno paralelo de unos cavernícolas que se sienten libres y poderosos en sus ejidos y municipios. En 2007, grupos del crimen organizado, decidieron incluir entre sus principales rubros delictivos todo aquello que puede hacerse con un migrante: extorsionarlo, venderlo, violarlo, tratarlo. Asesinarlo.

Estos son los tiempos de la masificación del crimen contra las personas migrantes. Todos en el camino han entendido el mensaje; todos, incluidos los coyotes, han comprendido que la ruta tiene dueño y que las lecciones las enseña a palos. Ante la mirada cómplice, tímida de los estados mexicano y centroamericanos, ocurren masacres como la de Tamaulipas en agosto de 2010, cuando 72 personas que buscaban una vida menos mala fueron masacrados por los bárbaros del camino. Los estados implicados juegan el papel del niño que cierra los ojos y piensa que desaparece, que ya no está y no es responsable, porque no ve. Cierran los ojos y dejan que otros, sacerdotes, activistas, periodistas, se encarguen de lo que por obviedad les corresponde.

A veces, ante una catástrofe tan colosal como la que cada día -hoy mismo- ocurre en México a miles de personas, nos preguntamos si vale la pena hacer algo, si no es obvio que es momento de rendirnos. Basta con asomarse y ver cómo los altruistas del camino se dejan el pellejo cada día por esos nadies para saber que sería de un cinismo imperdonable bajar los brazos, cerrar los ojos y esperar que todo desaparezca. A veces, para empezar un cambio es necesario llenarse de rabia y de compasión. Los testimonios de las y los migrantes que cruzaron México, que enfrentaron el horror en nombre de sus familias, son una fuente inagotable de esas dosis que necesitamos para empezar o para continuar. Para no cerrar los ojos.
Oscar Martínez

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Spot: PASO MIGRATORIO



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Spot de la Campaña Paso Migratorio Amnistía Internacional México

 

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